Si el nicho es la herida... ¿Cuántas heridas tengo?

Ayer por la mañana, después de casi dos meses parada, bloqueada, caminando en la oscuridad y en la incertidumbre, conseguí activar el tablero de corcho de los proyectos.

Los papelitos de la izquierda son los proyectos que tengo activos ahora mismo, y los de la derecha los que tuve que pausar forzosamente. Por mucha energía y ganas que una le ponga, es literalmente imposible meter tantas cosas en solo 24 horas.

Ayer por la noche, miraba contenido de marketing y productividad en YouTube y refunfuñaba sola: "Otra vez sopa, siempre lo mismo, me aburro. Me aburre el marketing", suspiraba.

Siempre la misma cantinela, pensaba. "Tu nicho es tu herida", el consabido slogan.

Ti nichi is ti hiridi, me burlé...

"A ver...", pregunté al aire, a Dios, a quién me quiera escuchar, "¿Cuántas heridas se supone que tengo que no puedo acomodarme en un solo nicho? ¿No entendés que soy "todo junto"?".

Y esta mañana, a quien sea que le haya hablado, y por extraordinario que parezca, omitiendo mi reacción de burla y sorna... RESPONDIÓ.

Estaba escribiendo mis páginas matutinas, levanté la vista, vi el tablero de corcho de los proyectos, me quedé mirándolo un buen rato y escuché: "Una herida, tenés una sola herida..."

"... lo que más te duele es la impotencia de no controlar tu propio mundo, de no poder conducir tu vida según tus propios criterios".

Y entonces lo comprendí. Todos mis esfuerzos, mis acciones, mis deseos, mis motivaciones, incluso mi oficio de hacer artesanía con cualquier elemento disponible, sean estos palabras, música, alambre, cartón o hilos...

Todo eso responde a la premisa de ordenar el caos producido por mi mente árbol y mi personalidad multipotencial, con el fin de moldear mi vida según mis preferencias, de controlarla en todas sus áreas.

Entonces estudio cosas, sin discriminar temas, para reducir la incertidumbre que causa la ignorancia. Investigo y escucho varias campanas antes de formarme una opinión propia respecto a algo. Analizo todas las perspectivas posibles frente a un debate. Exploro muchas opciones antes de tomar una decisión.

Busco y aplico sistemas que pueda replicar para organizarme. Creo los míos y sistematizo procesos siempre que detecto que se precisa hacer eso.

Monto tableros analógicos, hago mapas mentales, llevo una agenda, todo a fin de controlar qué, cuándo y cómo practicar mis pasiones, darles un lugar a todas y que no se anden peleando entre ellas.

Escribo kilómetros: páginas matutinas para vaciar mi mente abarrotada, notas para registrar ideas, páginas vespertinas y hasta nocturnas cuando quiero resolver un problema concreto o digerir una información, listas de acciones siguientes para los proyectos, listas de metas para mantener una dirección, preguntas nuevas para ampliar mí visión, para salirme de la caja, para pensar fuera de ella, y escritura creativa para mantenerme fresca.

Empecé el gym solo para aumentar el rendimiento de mi cuerpo y mis niveles de energía. Dejé de participar en Facebook e Instagram por el mismo motivo.

Observo constantemente mi entorno buscando oportunidades de mejora, y uso mis manos y mi cuerpo para crear cosas lo transformen.

Canto para limpiar energéticamente los ambientes densos, y le hablo a los objetos para conocer sus personalidades. Le imprimo mi propia intención cuando noto que son neutros, negocio con ellos cuando no estamos de acuerdo, los dono o desecho si no están alineados a mi energía. Los convierto en algo nuevo cuando expresan su deseo de colaborar con mis propósitos.

Hago tantas otras cosas más... y todas motivadas por la misma razón propulsora: moldear mi vida según mi propia visión. Ser la artesana de mi existencia.

Mi herida estuvo ahí, siempre, frente a mis narices.

Todo lo que hice, desde irme de mi casa a los 18 años para quitarle de raíz a mi madre toda posibilidad de moldear mi conducta a sus caprichos, hasta emprender a la misma edad negociando con bisutería artesanal, fue en pro de mi libertad: libertad para actuar, libertad para pensar, libertad de expresarme, libertad de poseer mis propios bienes.

¿Todas esas actividades funcionan para lograr mi propósito de libertad? ¿Lo conseguí? ¿Lo consigo? ¿Cómo sé que lo estoy logrando?

Sé que lo consigo cuando siento tres cosas: una infinita apreciación y amor al mundo y a todo lo que me rodea; plenitud, una sensación de estar completa; y satisfacción por el trabajo hecho. Y si está bien hecho, la alegría y el gozo son mayores.

Las tres cosas juntas me elevan a un estado de éxtasis indescriptible.

Y cuando no estoy en éxtasis ni me siento libre, empiezo a cranear como volver a ese estado, otra vez.

Por eso ayer, en vista del tablero de corcho vacío durante casi dos meses, tomé impulso preguntándole: ¿Para que te compré a vos?

"Para ayudarte a hacer foco...", respondió. "Dijiste que era buena idea tener un espacio donde colocar las cosas en las que querés concentrarte en un espacio temporal dado. Me usaste como horario semanal un tiempo, pero no te funcionó. Resolviste que era más fácil llenarme con las ideas generales y dejar los detalles para el bullet journal y la agenda".

Entiendo, le contesté. Pero hay un problema, tengo una veintena de proyectos que abrí para cerrar otros proyectos abiertos. Es un sinsentido, lo sé. Abrir más cosas para cerrar las ya abiertas. La cuestión es que ahora tengo todos esos proyectos bailándome en la cabeza y no me puedo decidir a abordar ninguno. Todos parecen importantes y ninguno lo es.

"Eso se resuelve fácil, poneme todos tus proyectos pero antes dividime en dos: los activos ya mismo, a la izquierda, los pausados a la derecha. Y listo. Visión global pero clasificada en dos tipos".

Me parece perfecto, le dije. Y me puse a ello. Por el camino, vislumbré luz al final del túnel. Sin darme cuenta había salido de la oscuridad y la incertidumbre.

Lo que nunca imaginé es que ese mismo tablero, en mi imaginación, parlante, me ayudaría a hacer foco en una cuestión todavía más profunda y a responder la eterna pregunta de cuál es mi lugar en el mundo, y a qué audiencia en realidad me dirijo cuando creo contenido.

Estudié de manera autodidacta marketing y ventas de adulta, y experimenté en mis carnes el marketing y las ventas desde los 18 años, mucho antes de conocer sus postulados técnicos.

Y siempre me hizo rabiar la sentencia "Tu nicho es tu herida".

Siempre me rebelé diciéndome que mis heridas eran demasiado numerosas para encasillarme en una sola. Siempre creí que elegir una sola etiqueta era asfixiante para mi alma y que eso coartaba mi libertad creativa.

"Soy incapaz de tener nicho, me aburre el marketing y sus postulados. Lo sigo estudiando solo porque siento que hay algo válido en él que escapa a mi comprensión".

Y efectivamente, había algo valioso que a mi se me escapaba:

¿Cuántas otras personas en el mundo comparten mi herida de impotencia de no poder controlar el caos de su multipotencialidad?

¿Cuántas otras personas habrá allá afuera que tienen múltiples vocaciones, múltiples pasiones y como no pueden ser solo una cosa, sienten que no son ninguna?

¿Cuántos seres sienten que su prolifidad de ideas, proyectos y cosas que quieren aprender y hacer les impide vivir y operar como individuos normales?

¿Qué su creatividad es una maldición y no un superpoder?

¿Qué no pueden responder a la pregunta "¿A qué te dedicas?" porque se dedican a múltiples cosas?

Y que se bloquean y se paran uno, dos, cinco meses, uno, dos, cinco años, sin saber para donde correr, ni qué abordar ahora mismo, de tanto que tienen en la cabeza?

¿De tanto que les duele el mundo tal y como está planteado porque no hay manera de encajar en él siendo todo eso que uno es?

¿Qué quieren compartir sus descubrimientos acerca de diferentes temas pero temen abrumar y espantar a su audiencia saltando de un tema a otro a la velocidad de un pestañeo?

Esas son algunas de mis heridas, que en realidad, es solo una: la impotencia y la falta de libertad para controlar y dirigir mi propio mundo de acuerdo a mi visión particular e individual. Mi temor crónico a que desaparezca mi identidad devorada por las visiones de mundo ajenas. El constante caos producido por mis múltiples vocaciones y su lucha interna para expresarse en el mundo material en un marco temporal.

Por que el marco es fundamental, el pintor crea su cuadro en un lienzo de dimensiones definidas. Un multipotencial clarifica su rumbo dentro de los límites de un simple tablero de corcho.

Y descubre su herida mirando aquel tablero.

Y también empieza a sanarla solo por haberse atrevido a mirar.

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