
Ser multipotencial no es el problema.
El problema es vivir en una sociedad que necesita ponerte UNA sola etiqueta.
El fin de semana tuvimos un mastermind involuntario con mi amiga colombiana Raquel.
Y este jueves tengo otro –acordado y voluntario– con Romi, que es administradora del canal del Camino del Artista. El contexto del grupo nos llevó a descubrir que somos gemelas creativas.
¿Por qué cuento esto? ¿De qué le sirve a nadie saberlo? preguntará el lector.
Las actividades compartidas con mis pares multipotenciales, de nada.
El concepto de mastermind que estoy implementando, y cómo estoy viviendo ese proceso, tal vez sume, inspire, o al menos invite al lector a considerarlo.
De hecho, todo el mundo hace mastermind constantemente; con los amigos o con algún familiar cercano, solo que sin darle un nombre tan pomposo y sin poner objetivos específicos a la charla.
La diferencia entre una reunión informal y un mastermind es precisamente definir objetivos a alcanzar y tener una red de apoyo a la cual comprometerse y “rendirle cuentas”.
Cuando empecé el gym, le hablé a mi amigo Gustavo, que también lo había empezado por la misma época. Una vez por mes intercambiábamos mensajes contándonos nuestros logros.
El Guzz es multipotencial, así que no me sorprendí demasiado cuando tiró la toalla y dejó el entrenamiento. La gestión de las múltiples actividades en el tiempo, suele ser uno de nuestros problemas recurrentes. No se puede sostener todo al mismo tiempo.
Más adelante, cuando atravesé el proceso de “juntar mis partes”, de atreverme a ser la “todo junto”, pero ahora públicamente para la audiencia que consume mis contenidos, me acordé del dicho de Spiderman: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
La multipotencialidad es una maldición bajo el prisma de la sociedad actual.
“No te enfocas en nada”, “No tenés profesión”. “Saltás de una cosa a la otra”. “Al final ¿Qué joraca sos? ¿Artesana, escritora, cantautora o qué? ¿Cuántas personalidades tenés? ¿Cuántas veces te miraste la película Fragmentado? ¡¿Quién sos?! Mi mente no te puede poner ninguna etiqueta cierta, me abrumás, me mareás. Chau, me voy. Qué intensa sos…”
Lo que la sociedad condena en nosotros es la semilla de nuestros superpoderes. Y un superpoder, es mucha, muuuucha responsabilidad abordarlo. Darle una salida digna, cuesta todavía más.
Y la verdad de la milanesa es que no estaría pudiendo gestionar mis superpoderes yo sola.
Para eso estoy creando una red de apoyo con pares que tienen los mismos desafíos que yo:
indecisión
parálisis por análisis
dispersión
exceso de ideas y tiempo objetivo insuficiente para materializar todo lo que idean
múltiples intereses
dificultades para comunicar lo que hacen porque se dedican a demasiadas cosas
exacerbado síndrome del impostor
graves problemas de identidad (al final ¿quién soy?)
dificultades para encajar en sociedad
incomprensión
rechazo...
Y esta última es la que más duele, porque a costa de fragmentarnos y achicarnos, de vez en cuando logramos encajar en sociedad, pero el precio interno que pagamos es pura traición a uno mismo.
La otra opción es atrevernos a ser lo que somos y obtener indiferencia, condescendencia, lástima o abierto rechazo.
Ya me quejé bastante pública y privadamente de lo harta que estoy de esta incomprensión social.
Ya me cansé de irme una y otra vez de espacios en los que no quepo.
Una se aburre de escuchar los pensamientos ajenos: “le agarró la loca otra vez, ya se le va a pasar” … Whaaaaats???!!!
Peeeerdóoooon, no elegí el modo de operar de mi cerebro, al menos nadie me hizo me completar ese formulario cuando llegué al mundo. Hubiera marcado la casilla “operativa cerebral lineal y secuencial”. Me habría ahorrado muchos problemas, eh.
Y sí, dije pensamientos: esto es lo que veo en la cara de las personas cuando interactúo con ellas y lo que leo entre líneas si la charla es virtual.
Bueno, me cansé de todo eso. Y cuando me canso de estar cansada, simplemente empiezo a aburrirme, pierdo el interés y me pongo a buscar una cosa nueva para hacer o profundizo en las que ya me gustan.

Cuando una deja de luchar sola, empiezan a aparecer las conversaciones correctas.
Y así empecé a indagar en esto del mastermind, salí a buscar ayuda.
Al primero que solicité una soga fue a mi querido Marcos Kappes, que en tanto periodista autodidacta y valioso ser humano me podía dar una mano en temas de comunicación. Que tengo clarísimo que lo mío va de escribir, hablar, compartir aprendizajes y todo eso; pues soy nodo Norte en Géminis, kin maya Viento y numerología destino 7.
Atesoro en el corazón el tiempo que Marcos me dedicó a escuchar mis problemas y el rol de sacerdote terapéutico que desempeñó durante nuestra charla.
Llamé a mis amigos músicos compositores como Dany Tomas y el Pipa para intercambiar ideas, anécdotas, historias de vida, reflexiones. Cada charla fue una bocanada de aire fresco en las que me dije “estoy hablando mi idioma y el interlocutor… ¡me entiende!”.
Regularicé las llamadas a una de mis madres del corazón, Mónica, quién fuera el pilar que me sostuvo durante mis años solitarios y oscuros de soltería. La multipotencialidad de Mónica es tanto ejemplo como mentoría.
Con Grace también mantuvimos charlas amenas e intercambio de experiencias. Una de ellas despertó la idea de crear uno de los cursos que estoy armando ahora: “El día no me alcanza: Guía práctica de registro semanal: decidí con datos y no con suposiciones.”
Y finalmente por estos días, ya con la cabeza más despejada acerca de los objetivos específicos que tienen estas charlas y reuniones acordamos una con día y fecha con la Romi, y salió otra inesperada con Raquel, que oh, casualidad, ambas están atravesando procesos casi idénticos a los míos.

A veces escribís durante horas para explicar algo…
y terminás descubriendo otra cosa completamente distinta.
Parafresando a mi amigo escritor Exequiel Arrúa, hay momentos en que “el culo se te llena de preguntas”, los silencios son incómodos y la cabeza es un solo mar de ruido.
Pero si en esos momentos sabés que hay alguien que si llamás, te va a atender el teléfono…
No tiene remate este post.
Acabo de caer en la cuenta de cuántas personas están ahí para apoyarme. Tuve que parar de escribir para echarme a llorar de gratitud.
Bueno, eso es mastermind.
(No puedo creer que estuve dos horas escribiendo para enterarme que no lucho sola, que no estoy sola, QUE NO ME VOY A QUEDAR SOLA si me atrevo a ser quién soy en toooooodas mis facetas).
Espero algún día poder ser eso mismo que todas estas personas que nombré –y las que no nombré para no alargar más este post–, son para mí: tribu y sentirme en casa.
Gracias por estar en mi vida. Gracias por los espacios que me brindan y en los cuáles no solo quepo de sobra, sino que también puedo moverme en ellos con libertad.
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