No soy rebelde. Uso calculadora


Tiempo estimado de lectura:

5 minutos.

3 y medio, sí sos de los míos.

Público al que está destinado:

Individuos que no se rompen fácil, -lejanos a la generación cristalita-, que disfrutan de la lectura y se sienten cómodos con las situaciones cotidianas que interpelan a mirarse adentro y replantearse cosas.


Abrí el mail. Era una invitación a participar de 70 conferencias online desde la comodidad de mi casa.

Salí de la ventana de la app de correo. Abrí la calculadora. Hice números.

Mi cerebro racional al ver el resultado que arrojaba, descargó una corriente de electricidad por todo mi cuerpo, al punto de hacerme pegar un respingo en la silla.

Cerré la calculadora del teléfono para volver a la ventana del correo electrónico: una vez allí eliminé despiadadamente el mail. Y sin terminar de leerlo.

Suponiendo que cada conferencia durara en promedio 60 minutos, -con toda la furia entusiasta de consumir ese contenido- y me dedicara 8 horas al día a mirarlas, AÚN ASÍ, necesitaría 9 días para verlas todas.

No sé en que estado catatónico de saturación, antesala de surmenage o caída en picada a soberano burnout quedaría mi cerebro después de una maratón como esa.

Tomando mis números reales, los que llevo registrando implacablemente hace 3 meses, deduje lo siguiente:

Con 6 horas semanales efectivas dedicadas al consumo de información de la categoría estudio e investigación, mirarme esas 70 conferencias insumiría la friolera de 3 meses abordarlas todas.

Y solo si quisiera consumirlas pasivamente, ya ni hablemos de tomar notas... que si de material de estudio se trata, lo lógico sería ir apuntando lo relevante para poder consultarlo en el futuro.

Que si voy a invertir 70 horas de mi vida, lo ideal no solo sería llevarme algo a cambio sino también dejarme un recuerdito... ¿no?


Dio la casualidad que amanecí bien chinchuda y retobada.

Me resultó curioso mi estado berrinchoso, así que me pregunté: "Cecilia ¿por qué sos tan rebelde?"

Lo que vino a continuación fue una avalancha emocional de improperios, protestas, acusaciones y quejas. "¡No soy rebelde! ¿No entendés?"

Y en ese momento, no.

No lo entendí.

Pero cuando abrí el correo y comencé a leer ese mail de las 70 conferencias, "la rebelde", ya más tranquila después de su exabrupto anterior, dijo despacito:

"¿Ves? A esto me refiero. Así está el mundo. Así está todo por estos días.

No digo que el contenido no sea bueno y que no valga la pena comprometerse 3 meses a mirarse las 70 conferencias.

Pero por cada compromiso que asumís, tenés que ser consciente de a qué otras cosas renunciás.

Y si por agarrar cada vez más cosas, terminás renunciando a las dos o tres que REALMENTE son importantes, vas a tener un gran problema, mi ciela...

...un problema de falta de SIGNIFICADO y SENTIDO.

¿Querías saber a qué se debían tus crisis existenciales recurrentes?

Ahora ya lo sabés: comprometerte a demasiadas cosas de las que podés prescindir, relegando al rincón las que son vitales, las que te permiten seguir respirando."

Y es por eso que, en un movimiento de RCP espiritual, soslayando el resto de mis actividades programadas para hoy, decidí escribir igualmente.

Porque mi bullet journal está lleno de cosas que tengo que hacer hoy, mañana, la próxima semana y el mes que viene.

Pero si dejo de escribir hoy, me muero hoy. No llego con vida a mañana.

Esta mal llamada rebeldía -ahora lo entendí-, no es rebelde.

Se trata de una parte de mi que reacciona a un mundo donde los mails con invitaciones a 70 conferencias de 1 hora entran de a docenas en mi bandeja de entrada, y el correo no es el único sitio que recepciona elementos que demandan atención constante.

Que no se malinterprete: consumo contenido de referentes, seleccionados a consciencia previamente y a los que considero mis mentores privados. Tengo una hora bloqueada todos los martes para leer todos sus mails.

No obstante, cuando me proponen compromisos que me colocan en la disyuntiva de tener que renunciar a mis pilares vitales...

Y aunque sean gratuitos y luzcan más atractivos que Sam Heughan en Outlander, al punto de hacerme derramar un hilo de baba por la comisura izquierda de la boca...

...la calculadora, fría como solo ella puede serlo, dice NO, ESTO NO ENTRA. ELIMINAR.

Y eso, mal que me pese, no es rebeldía.

Mi cerebro para simplificar, el muy perezoso, adora utilizar la palabra para etiquetarme erróneamente.

No soy rebelde. Solo estimo el tiempo que me demanda asumir un compromiso y si de ello se derivará el tener que renunciar a mis pilares vitales.

No soy rebelde. Solo uso la calculadora.

Pero antes de usarla, digo NO por las dudas.

NO. Incluso antes de leer el resto del mail que me invita, desde la comodidad de mi casa, a pasarme 70 horas mirando conferencias.

Que si ya dije NO, los 5 minutos ahorrados en no terminar de leer los puedo usar estirando las piernas y sacando mi cara de la maldita pantalla que me está dejando ciega.

Decir NO de antemano y por las dudas fue la lección más difícil que tuve que aprender en esta vida. Y es un hábito que al día de hoy sigo refinando, ajustando, calibrando...

En ocasiones, todavía derrapo y me meto en unos líos tremendos por tener tan a flor de piel el sí complaciente de mi luna en Libra.

Pero ese NO que me deja como "la loca mala" que no participa de los rituales "normales" de hoy en día, o como "la anacrónica analógica" que anticipa pesimistamente que tanta infoxicación puede desembocar en burnout...

Ese NO es lo que me da la libertad -y el tiempo- para hacer las cosas que si tienen sentido y significado para mí.

Como ésta, por ejemplo.

No más preguntas, señor juez.


Le encontré un nuevo uso a la calculadora.

Al principio del post apunté el tiempo estimado de lectura.

Es mi manera de decirle al mundo -y a mi misma- que si me va a invitar a comprometerme en algo, lo que sea, requiriendo mi plena atención, que primero me cuente cuánto me va a "costar" en tiempo y energía.

Gratuito no es sinónimo de gratis. Tendemos a medir lo que incorporamos a nuestra vida por su costo en dinero olvidando otras monedas más importantes.

También fue mi manera de anticiparte, querido lector, cuánto te va a "costar" a vos leerme.

Que sopeses si dedicarme tu atención es una inversión o un gasto que bien podrías ahorrarte para hacer otras cosas más importantes.

Porque este texto lo podés leer gratuitamente, pero no es gratis. Te va a costar tiempo, energía y pretende interpelarnos a todos: a mi, a vos y al mundo con sus insanas "normalidades"...

Si lo leíste a consciencia, es probable que te "cueste" mucho más que 5 minutos.


P/D: Ahora ya sé porqué a tantos les resulto indigesta. Bien. Otro misterio que se me aclara... escribiendo.

P/D 2: ¿Viste la imagen de portada de este post? También es un mensaje en sí misma. Un mensaje implícito que te podés llevar y guardar como recuerdo...

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